miércoles, 26 de septiembre de 2007

Otra vez Amarilis


Por Márgara Sáenz(1937-1964)


El tiempo ha pasado y vuelves a mi memoria.


Tu auto trepando hacia la sierra, la Cream-Rica

¿recuerdas?, volteando a la derecha, todos esos moteles.

Entonces éramos nosotros; no tú, no yo. Me quiérote,

te gózame, me amándonos, decíamos.

¿A quién llevas ahora? Contigo entre las piernas

¿quién pega de alaridos y triza los espejos

donde nos repetíamos bestiales y dulcísimos?

¿Qué otro vientre recibe tu miel mía, peruano? Di

qué frívola puta, qué sórdida hipócrita limeña,

qué casada cuidadosa del cornudo.

Hijo de perra, ¿lo haces? Pero allí no, nunca, con

nadie vuelvas a la habitación 35. Que se te

muera para siempre, que se te pudra si regresas.

Una vez dije allí no ¿recuerdas?, dije después

donde quieras. Tú me observabas igual que un

entomólogo, eras un médico lascivo examinando

una muchacha muerta de amor: no hables, eres

una muñeca, un cuerpo sin voluntad, y me

tocabas probándome y fui un durazno de esos

que se abren con la mano.

Un durazno, dijiste a mis espaldas, a la luz de la tarde,

separando con suavidad mis carnes, descubriendo

lo que ni yo conozco, mi zona más oscura, la que

guarda esa caricia atroz, obscena y tuya que no olvido.

Júralo: no has de volver a esa cama con nadie. Me has

negado tu cuerpo, el que gustaba mirar impúdico y

erecto viniendo a mí, el tuyo que era el mío.

Concédeme esto entonces: anda a otro sitio a hacer tus

porquerías.


O vuelve a la habitación 35. El tiempo ha pasado, ya

no hay sino recuerdos y Amarilis qué puede sino

juntar palabras. Ahora somos tú y yo, no existe más

nosotros. Uno y uno, dos solos: yo y esa mierda que

tú soy y yo añoras, desgraciado.

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