El jueves 25 llegué puntual a la apertura. La cola era un inmenso ciempiés donde todos, con la planta izquierda alzada, esperaban el corte del cordón para entrar a la inauguración de la Feria. Sí, era una fila interminable donde la gente, un poco ansiosa, esperaba adentrarse en aquella fiesta de los libros.
Y no era Guadalajara sino Trujillo la ciudad que acunaba estos festejos, pues además de saludar la llegada de la primavera con una Feria del Libro, también celebraba el Concurso Nacional de Marinera, danza tradicional de desplazamientos estilizados y zapateos, cuya fiebre se trasmite en los redobles que hace la banda para incitar al juego seductor a través del cual las parejas se enamoran emulando el andar inquieto de los caballos de paso. Ubicada al norte de la costa peruana, esta agitada y cálida ciudad tiene una gran historia por contar y mucha cultura por compartir, ya que, a breves rasgos, fue la cuna de la cultura Moche, civilización ágrafa que se desarrolló desde los 100 años a.C. hasta los 700 d.C., cuyos ceramios, telares y construcciones en adobe aún impresionan por su majestuosidad estética y sagrada; y la cantera donde nació el Grupo Norte, del cual formaron parte, en la segunda década del siglo XX, César Vallejo, Antenor Orrego, Víctor Raúl Haya de la Torre, entre otros.
Más de diez mil personas visitaron la Feria esa noche, y aunque el espacio era pequeño, un parque adecuado con estantes techados con lona, el aroma combinado de caña y mar incitaba a revisar una y otra vez las ofertas de libros que habían colocado editoriales conocidas, fondos universitarios e instituciones especializadas. Algunos, con más suerte y dinero en el bolsillo, ese día lograron comprar varios textos; otros, como yo, alcanzamos una oferta y nos dedicamos a disfrutar del programa cultural que los organizadores habían planificado para la inauguración. Y es que en esta tercera Feria, cuya clausura es este domingo, las actividades culturales eran diversas, pues además de contar con la participación de escritores como Bryce Echenique, Alonso Cuento, William Ospina, Mario Bellatín, entre otros, también habían espectáculos de teatro y danza, lecturas en los parques, presentaciones de libros, conversatorios, etc.
Desde el jueves, solo pude quedarme cuatro días, en los cuales recorrí la Feria con la misma sorpresa que tienen los niños ante una caja cerrada, pues entre estantes siempre hay un libro que, al no poder comprarlo, se guarda en la memoria de los pendientes cual sueño acariciado que algún día empezaremos a desandar.
Fiesta de los libros, de la danza, de la cultura, eso fue para mí Trujillo en los días que anduve recorriéndola por callecitas de casas coloniales y múltiples cafés donde propios y ajenos fueron seducidos por el aroma colorido que mariposeaba en el ambiente.
Y no era Guadalajara sino Trujillo la ciudad que acunaba estos festejos, pues además de saludar la llegada de la primavera con una Feria del Libro, también celebraba el Concurso Nacional de Marinera, danza tradicional de desplazamientos estilizados y zapateos, cuya fiebre se trasmite en los redobles que hace la banda para incitar al juego seductor a través del cual las parejas se enamoran emulando el andar inquieto de los caballos de paso. Ubicada al norte de la costa peruana, esta agitada y cálida ciudad tiene una gran historia por contar y mucha cultura por compartir, ya que, a breves rasgos, fue la cuna de la cultura Moche, civilización ágrafa que se desarrolló desde los 100 años a.C. hasta los 700 d.C., cuyos ceramios, telares y construcciones en adobe aún impresionan por su majestuosidad estética y sagrada; y la cantera donde nació el Grupo Norte, del cual formaron parte, en la segunda década del siglo XX, César Vallejo, Antenor Orrego, Víctor Raúl Haya de la Torre, entre otros.
Más de diez mil personas visitaron la Feria esa noche, y aunque el espacio era pequeño, un parque adecuado con estantes techados con lona, el aroma combinado de caña y mar incitaba a revisar una y otra vez las ofertas de libros que habían colocado editoriales conocidas, fondos universitarios e instituciones especializadas. Algunos, con más suerte y dinero en el bolsillo, ese día lograron comprar varios textos; otros, como yo, alcanzamos una oferta y nos dedicamos a disfrutar del programa cultural que los organizadores habían planificado para la inauguración. Y es que en esta tercera Feria, cuya clausura es este domingo, las actividades culturales eran diversas, pues además de contar con la participación de escritores como Bryce Echenique, Alonso Cuento, William Ospina, Mario Bellatín, entre otros, también habían espectáculos de teatro y danza, lecturas en los parques, presentaciones de libros, conversatorios, etc.
Desde el jueves, solo pude quedarme cuatro días, en los cuales recorrí la Feria con la misma sorpresa que tienen los niños ante una caja cerrada, pues entre estantes siempre hay un libro que, al no poder comprarlo, se guarda en la memoria de los pendientes cual sueño acariciado que algún día empezaremos a desandar.
Fiesta de los libros, de la danza, de la cultura, eso fue para mí Trujillo en los días que anduve recorriéndola por callecitas de casas coloniales y múltiples cafés donde propios y ajenos fueron seducidos por el aroma colorido que mariposeaba en el ambiente.
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