¿Por qué autopublicarnos?
Hace tiempo, cuando a mis manos llegó el primer ejemplar de la Colección de Poesía “A Mano Armada” de los jóvenes escritores de Machete Rabioso, sentí como si afuera se estuviera librando una batalla campal entre la palabra y los medios de difusión por llegar a los ojos del lector. Si bien, los POEMAS ESCRITOS EN EL INODORO, del quiteño Enver Carrillo, se presentaban en una publicación modesta, con pasta de papel reciclado y hojas reproducidas en alguna copiadora circundante a la Universidad Central, esto no tenía nada que ver con la gran calidad de textos que la publicación contenía en su interior. Al igual que Enver, los otros integrantes de Machete y varios poetas a nivel nacional, han decidido publicar sus trabajos muy bien elaborados, bajo un sello propio, una iniciativa que nos pone frente a la misma pregunta circular que ahora ronda nuestras cabezas: ¿por qué autopublicarnos? La respuesta gira entorno a una serie de aristas que desembocan en el mismo punto: La Inconformidad.
No hay que ser adivino para entender que las desgastadas instituciones culturales hace rato dejaron de ser órganos dedicados a la difusión de trabajos artísticos, independientemente del origen, autor o lugar de origen. Además, dichas instituciones, en lugar de apoyar trabajos de calidad realizados por jóvenes escritores representan un relevo en el panorama literario nacional, han preferido invertir los recursos en aplausos para sus compadres y en cócteles que festejan el nacimientoaborto de obras chuecas y de mal gusto, que en nada aportan a las letras del país.
En este rollo, también entran las Editoriales, quienes buscan remesas abultadas, réditos comerciales que echan al cesto de basura las primeras intenciones de empujar a la palestra pública nuestros versos. No apuestan a la intención transparente de progreso, menos aún si detrás del trabajo literario están jóvenes con pinta de roqueros y aficiones peligrosas.
Ante tal panorama el desafío de autopublicarnos representa más que un paso importante en nuestra joven carrera literaria. Es la estación creciente que implica estar vivos, con la fuerza suficiente para desatar combates que originen cambios en las estructuras culturales. La valiosa labor del escritor es esa: escribir, pues solo así se puede echar abajo los monopolios de publicación que buscan centralizar el trabajo literario sin tener en cuenta las orillas donde también nacen semillas de horizonte. Es hora de que las herméticas instituciones vayan tomando ejemplos como el de Machete Rabioso Editores y ahora el de Noctambularlo Ediciones, que al igual que muchos otros a lo largo del país, buscan abrir las puertas de una literatura fresca que no repare en la condición económica del escritor, sino en la calidad de lo escrito, de ese modo podemos seguirle sacando punta al lápiz para que no deje nunca de soltar sus mágicos trazos de canción.
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